Por qué Madrid necesita jardines verticales: raíces entre hormigón

En Murcia vendo a empresas; en Madrid, 9 de cada 10 clientes son particulares. Como madrileña, entendí por qué al instante.

Madrid creció llenando el horizonte de colmenas de pisos donde apenas cabe una maceta. Entre pequeños balcones y estrechos patios se apiñan historias de un éxodo rural:

En los años 60, Madrid ganó como obreros a los mismos jornaleros que perdió el campo al mecanizarse. Mis padres llegaron desde Zamora y Andalucía buscando la vida que una azada no ofrecía.

En dos décadas, Madrid duplicó su población. Yo nací de aquella ola de acentos distintos. La generación que pasó de la alpargata al Seat 600.

Crecí en un piso sin jardín, rodeada de hormigón. Mis raíces en verano, en cambio, eran vendimiar, trillar y bañarme en el río del pueblo.

En la ciudad, los jardines verticales convierten la pared en el último resquicio donde colgar naturaleza. Pero para muchos también recuperan el paisaje que dejamos atrás.

Aquí las casas son embajadas de Cuenca, Cáceres, Segovia, Salamanca… El musgo en ellas les dice a tus tías, primos y abuelas que no te olvidaste de ellos. Que prosperaste sin renunciar al origen.

Por eso he hecho tantos jardines verticales en viviendas de Madrid. Tal vez era inevitable que, en una ciudad que creció tan deprisa y hacia arriba, el musgo acabara haciendo lo mismo.

La semilla quizá fue jugar en el Jardín del Retiro, entre las flores que rodean el Palacio de Cristal. Pero mi primer contacto con un jardín vertical fue frente al CaixaForum.

Varias renovaciones del jardín vertical de Patrick Blanc (CaixaForum).

El de Patrick Blanc es una selva flotante, con sistema hidropónico que riega y fertiliza. Jardineros podando en grúas, fumigando y reemplazando plantas en una lucha constante.

Me fascinaba pensar en diseñar algo así, sin saber que resolvería su problema al revés: mantener un jardín en climas extremos como el de la meseta castellana, es un combate contra el infierno de agosto y las heladas de enero.

El jardín vertical del parque Santander (Chamberí), replantado tras secarse por un fallo en el riego.

La naturaleza que necesita Madrid solo cabe en vertical, donde más cuesta conservar. Así entendí por qué mis jardines verticales preservados encajan tan bien aquí.

El musgo preservado conserva su aspecto sin obligarte a cuidarlo. Sin batallar con el tiempo. Solo devuelve a Madrid lo que muchos madrileños llevamos dentro.

Algunos proyectos realizados en Madrid:

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