La Bohème

Un café-pastelería abre por la mañana. Murmullo de voces, tintineo de tazas, una máquina silbando vapor. Encima de ese ruido familiar entra el taladro percutor. La broca da paso a una rama de madera lavada que asciende y se ramifica.

El tronco, unido a la columna verde oliva, alcanza el techo. Donde la copa de flores de cerezo proyecta pétalos rosa, salmón y burdeos hacia la zona de asientos. Cubriendo y bajando el techo del rincón, que se convierte en habitáculo sin que interfiera con el público.

La decisión nació de un problema operativo: las ramas no debían chocar con camareros. Y produjo, sin proponérselo, el gesto más fuerte del proyecto.

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