Particular Valencia

Miguel Ángel está en su nuevo salón. Sin sofá aún. Ni sillas, ni mesa. Sólo cajas y paredes recién pintadas. Pero en una pared hay ya algo: musgo, ramas, líquenes, flores y cascadas de amaranto.

La cronología descoloca. Cualquiera que se haya mudado sabe que van primero la cama, el frigo, el sofá. Los ornamentos al final. Pero aquí entraron antes de tener dónde sentarse a mirar. ¿Por qué se invirtió el orden?

Un salón vacío es un folio en blanco. Colgar un peso visual neutraliza la incertidumbre. Lo que venga desde entonces rendirá cuentas al cuadro verde. Primero se planta la bandera, y el mobiliario la ratifica luego.

La cicatriz de la rama, la estética del musgo, la inclinación de la suculenta — cada tallo irregular se planificó. Satisfacen la demanda de relieve salvaje, sin hojas en el suelo descomponiéndose a cada estación. La mudanza acabará y pasarán los años. Pero el bosque permanecerá inalterable.

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