Iberavex

El último regalo que te hizo una empresa, está condenado a desaparecer. Si fue un bloc de notas o un bolígrafo, seguirá por ahí, probablemente sin estrenar. Si fue una cesta de Navidad, se desintegró con el embutido. Iberavex quería regalar algo imposible de tirar u olvidar. No un boli, ni un salchichón.

Son gestores de fauna. Su oficio es devolver a Ávila el equilibrio entre la vida urbana y lo salvaje. Buscan la unión entre resultados y respeto a la naturaleza —palomas, cotorras, cigüeñas— retirando en lugar de matar.

Entre ambos encontramos la idea del bosque protegido. Que contiene a la naturaleza, vulnerable y a veces molesta, tras una campana, para que anide donde debe.

Sobre las bases de pino, musgo y piedras blancas. Y unas ramas haciendo de arbolito, con copas de musgo polar. Manufacturamos a dos tamaños, una cuarentena de piezas. Las mayores iban a los clientes que más pesan. Insinuando ya un bonsái preservado de verdad.

El vinilo del logo es semitransparente. Sin gritos. En la parte baja. Como un mecenas silencioso. La misma discreción con la que trabajan.

Una empresa cuya pasión es preservar la vida, regalando naturaleza eterna. El círculo se cierra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra
Scroll al inicio