Servem quería siete metros de su nombre en letras de musgo. Pero su logo rígido. Sin un gramo de textura. Esta decisión resume a la empresa de Murcia, especializada en carretillas elevadoras.
La silueta de la grúa está recortada en 30 mm de PVC. Con cinta alrededor para evitar que el musgo la invada. Una función similar a la de un encofrado de hormigón. Que contiene la masa hasta que queda fija.
Mi primera propuesta, hacerla de musgo, fue rechazada. Quien vende equipos para mover toneladas de mercancías, no puede permitir que su producto parezca un mullido peluche abrazable. No hubiera reflejado fiabilidad mecánica.
Cuando la industria se viste de verde, la primera lectura suele ser de lavado de cara. Vender vulnerabilidad. Pero Servem no pidió perdón por existir. El suave musgo se usó precisamente para enmarcar en contraste al polímero inalterable. El vegetal, en este caso, trabaja al servicio de la máquina. Que desde el centro mantiene el control y demuestra quién manda. Reforzando la robustez de la marca.





