Caravanas Murcia es una empresa de alquiler que vende, en esencia, nomadismo. Una promesa abstracta. Una aspiración emocional. Y para vender abstracción hay que materializarla.
En este caso la materialización de la marca fue de musgo. Si el producto que alquilas se usa en el bosque, el logo —dos montañas— debe estar hecho de bosque. Lo que cuelga en recepción es la promesa hecha objeto.
Hoy, un logotipo es un archivo vectorial. Se envía por correo instantáneamente, se imprime en vinilo, se reduce a foto de perfil. La máxima expresión de la falta de fricción.
Este logo es lo diametralmente opuesto: inescalable, laborioso, artesanal. Complicado de manufacturar. Imposible de copiar. El esfuerzo físico del oficio, la búsqueda del remate limpio, forman parte del mensaje.
En una época de logos perfectos generados por IA, uno que ha exigido sudor comunica que la empresa es real. Sólo quien vaya hasta Las Torres de Cotillas podrá disfrutarlo con sus propios ojos. Es el punto de peregrinación inicial.


